Su Militancia

Años de lucha por la justicia

Su Militancia

Envar El Kadri fue un militante incansable de las luchas populares argentinas. Su compromiso comenzó temprano, en la juventud peronista tras el derrocamiento de Perón en 1955, y se profundizó en los años de represión política. En esta sección se recogen reflexiones sobre su militancia y la de su generación.

Rescatando la Historia

En esta época de "post modernidad", hasta la palabra "revolucionarios" suena mal, tan desvalorizada frente al fracaso de "los socialismos realmente existentes", el auge del "fin de las ideologías" y esos espejitos de colores con que quieren hacernos aceptar que "pobres habrá siempre".

Pero hace un tiempito nomás, nuestro país fue capaz de parir una generación de luchadores por un mundo "sin explotadores ni explotados", de signos diversos y hasta contradictorios, pero de una capacidad de entrega y pasión por sacudir las injustas estructuras de la dependencia, que nos debe hacer sentir orgullosos a todos.

Fueron necesarios los métodos de represión del Terrorismo de Estado para hacerla desaparecer físicamente e intentar "borrarla" de la memoria histórica, por miedo a que su ejemplo le sirviera a los jóvenes para saber que se puede y se debe luchar para transformar la realidad.

A este borrón represivo han contribuido también las actitudes negadoras de aquellas luchas, tanto de algunos de sus protagonistas, sostenedores hoy de los valores contra los que se rebelaron, como de una dirigencia que muestra como única forma de participación política, este cambalache de corrupción y marketing electoral, donde lo único que importan son "los puestos".

"Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra Historia", que no es perfecta, ni lineal, ni sin contradicciones. Pero que tiene una dignidad y una fuerza que, de ser asumida por los dirigentes más consecuentes, movilizaría más a nuestra juventud que las meras invocaciones electorales.

Entrevista - La Militancia de una Generación

Reportaje de Héctor Méndez, publicado en el diario La Capital de Rosario, abril de 1996.

¿Cuáles fueron las principales motivaciones que tuviste vos y tu generación para participar activamente en la política?

-Creo que la primera de todas es un profundo sentido de rebeldía ante la injusticia. Habíamos visto como el gobierno constitucional de Perón era derribado por un grupo que se arrogaba la representación de todo el pueblo argentino, y que como sabían que por el lado de las urnas no podían vencer al peronismo de aquella época, decidieron dar un golpe salvaje. Esto nos movió mucho internamente.

¿Cuál era nuestro sentido? ¿Qué debíamos hacer? ¿Quedarnos en nuestras casas y aceptar pasivamente eso que estaba ocurriendo? Entonces muchos jóvenes de mi época decidimos que no, que había que levantar las banderas de nuestros ideales, que no podíamos admitir que hubiera ciudadanos de primera que eran los "democráticos", y ciudadanos de segunda que éramos los peronistas. Entonces dijimos que esto no nos deja otro camino, otra forma de participación que el de la lucha, y ahí fue cuando nos organizamos ya por los años 57, 58 en los primeros comandos de la Juventud Peronista.

¿Qué hechos concretos realizaban?

-Era más bien ganar la calle y hacer actos de presencia, lo que después se llamaría agitación. Nosotros no conocíamos esos nombres, lo hacíamos empíricamente, un poco inorgánicos, como una forma de decir "aquí estamos".

¿Cómo evoluciona en ustedes la idea de la lucha armada?

-Brevemente te diré que es el método de la prueba y cada prueba que hacés vas fracasando entonces vas pasando a otro método. El primero fue de agitación. El segundo fue el de acompañar como grupo de civiles a los intentos de golpes de militares llamados peronistas.

En el año 66 quedó abierta la vía de la lucha armada por todos los medios. Los militares prometen gobernar por veinte años, prometen ser los reorganizadores del país, van a ser una nueva república y van a ser un voto calificado. ¿Nosotros qué somos? Otra vez, con ese gobierno militar de Onganía la variante de ajuste pasaba a ser los trabajadores. Otra vez la misma excusa de que había una necesidad de cerrar los ingenios que eran estatales, que había que privatizarlos, había que echar a la gente a la calle. Entonces allí hubo para nosotros un punto de inflexión y ahí fue donde decidimos organizarnos para la lucha armada.

¿Qué fue Taco Ralo?

-Taco Ralo fue parte de esa experiencia. Los compañeros del Movimiento de la Juventud Peronista de todo el país, éramos los más concientizados o más convencidos de que éste era el único camino, no por haberlo leído, sino por experiencia propia de vivir nuestra historia, de sufrir nuestra propia historia contemporánea.

Nos organizamos, un grupo iba a preparar un campamento en la zona de Tucumán, previamente se instalaban en un lugar para aclimatarse y para prepararse físicamente. Una vez que estuviera completado el adiestramiento, la capacitación y la preparación física pensábamos dirigirnos a la zona de El Cochuna, en los montes tucumanos, para iniciar esta presencia guerrillera y simultáneamente con eso en las ciudades iban a aparecer los destacamentos que se iban a llamar Destacamentos Descamisados Eva Perón.

¿Lo de Taco Ralo, lo tomaron como un fracaso?

-Desde el punto de vista de lo que fuimos a hacer fue un fracaso, no hay que tenerle miedo a las palabras, para nosotros fue como un mazazo, de esos que te dejan drogui. Después vino el reconocimiento de toda la gente, se hizo un plenario, el mayor Alberte que era delegado de Perón en esa época sacó un comunicado diciendo que era mentira que éramos comunistas y queríamos suplantar la bandera argentina por el trapo rojo como decía el gobierno; y eso nos reconfortó.

Uno con el fracaso puede hacer una novela de llorar y estar lamentándose toda la vida, o puede convertirla en una campana de largada de algo. En nuestro caso de inmediato la solidaridad de la gente, el hecho de que nos reconocieran como militantes, el hecho de que no hubiera ninguna duda de que todo lo que habíamos hecho estaba en función de la lucha y la revolución hizo que nos sintiéramos reconfortados.

La cárcel fue en ese sentido una especie de beca, una beca para aprender, estudiar, estar cada vez más convencidos de que teníamos razón. Perón también nos hizo llegar una hermosa carta de solidaridad en el año 69, todo eso nos llevaba a nosotros a sentirnos como parte del movimiento que se puso en marcha.

¿Qué impresión tuviste cuando saliste en libertad en el '73?

-La verdad que muy buena. Había un ascenso tan grande de las movilizaciones populares y de la lucha armada que parecía que estábamos al borde de la revolución. Esa fue una gran confusión de creer que todo el gran apoyo que había al movimiento de revuelta y resistencia a las dictaduras de Onganía, Levigston y Lanusse era un apoyo directo a los postulados de cada organización.

Los pueblos en ese sentido tienen tiempos diferentes a los de las organizaciones. Las organizaciones que están conformadas por hombres de carne y hueso que tienen una vida concreta, muchos habían muerto, habían dado su vida en aquellas batallas, termina uno creyendo que todo se mide con la corta vida de uno.

Quisimos forzar los tiempos de la historia, no fuimos capaces de ver que los pueblos tienen otros tiempos, y había que haber respetado esos tiempos. La gente entre el tiempo y la sangre elige el tiempo, dice que no vamos a sacrificar lo poco que tenemos, consolidémoslo.

A partir del golpe militar se consolida un modelo de país distinto al que ustedes tanto pelearon. ¿Cómo vivís esa derrota?

-Mal, muy mal. Porque es cierto, como modelo de país no es este el que soñamos, no es este el país por el cual lucharon y entregaron su vida nuestros compañeros. Este es el país del individualismo, del no te metás, del sálvese quién pueda, de la exclusión social, del modelo económico que beneficia a unos pocos y deja con el rótulo ahora de marginales a la mayoría de la población.

Todo eso lo vivo con una gran tristeza, pero al mismo tiempo no nos han vencido, porque somos muchos los que inorgánicos, independientes, fuera de los partidos o modelos existentes seguimos pensando que es posible construir otro país, que es posible transformar las relaciones de competencia, de pisarle la cabeza al que está al lado, de trepar, de ganar, este modelo que nos han puesto como el único posible.

Creo que es posible todavía un país diferente y hacer de esta gran derrota, de este gran terrible modelo económico y militar que aplicó la dictadura, ir construyendo una esperanza, ser pacientes, perseverantes, innovadores, ser capaces de construir herramientas diferentes de transformación de la realidad.

No, yo siento como propia esta injusticia, yo me meto para cambiarla. Así creo que esa derrota de un proyecto de país liberado, de un proyecto de país con justicia social, con soberanía política y con independencia económica se va ir revirtiendo en la medida de que cada uno de nosotros seamos capaces de construir desde nosotros mismos ese mundo solidario, más justo, más fraterno, más igualitario que soñamos y por el cual luchamos.

Héctor Méndez
Diario La Capital de Rosario
Abril de 1996