Regreso a la Patria

Entrevista de Mona Moncalvillo - Abril 1984

Regreso a la Patria

Tras ocho años en el exilio, Envar El Kadri retorna a Argentina en marzo de 1984, pocos meses después de que finalizara el gobierno militar. En esta entrevista realizada por Mona Moncalvillo para la Revista Humor, apenas una semana después de su llegada, reflexiona sobre su regreso, sus experiencias en Francia y sus perspectivas para el futuro del país.

-Hace apenas una semana que regresaste a la Argentina después de ocho años de exilio. ¿Qué sensación tenés?

-Una sensación muy profunda, muy fuerte. Hace ocho años que estoy fuera de la Argentina, en Francia. Sé que para mucha gente ocho años parecen una eternidad, pero cuando uno regresa después de haber estado afuera tanto tiempo, se da cuenta de que ha sido toda una vida. Volver a pisar el suelo de la patria, volver a oler el aire argentino es una cosa que no se puede explicar con palabras.

Cuando llegué al aeropuerto de Ezeiza me angustié mucho. Fue un momento muy especial. La emoción fue tan fuerte que casi me quiebra. Vi el paso de los gendarmes y sentí un poco de miedo. Fue una cosa extraña, porque después de todo, la dictadura ya no estaba en el poder; sin embargo, esos gendarmes me evocaban toda la represión sufrida.

Luego salí y vi a mi gente. La alegría fue enorme. Un sinfín de compañeros que venían a recibirme. Fue una cosa increíble. La gente que había estado luchando durante todos estos años, durante estos ocho años de dictadura.

-¿Qué te impresionó más al llegar?

-Lo que más me impresionó es haber visto que la represión no pudo quebrantar el espíritu de lucha del pueblo. A pesar de los 30 mil desaparecidos, a pesar de todas las torturas, de todas las muertes, la gente no perdió su capacidad de lucha, de reivindicación.

He visto a compañeros que estuvieron presos años enteros, que fueron torturados de manera terrible, y sin embargo, siguen luchando, siguen creyendo, siguen soñando con un país diferente. Eso es lo que más me emocionó.

-Hablás de un proyecto de vida, de un proyecto cultural. ¿En qué consiste?

-Consiste en hacer que la cultura popular argentina, que es tan rica, tan hermosa, tan variada, sea conocida en todos los estratos sociales. Que no sea solamente patrimonio de los que pueden ir al teatro o a conciertos, sino que sea conocida por todos.

-No es un proyecto partidista, es un proyecto nacional, aunque detrás nuestro tenemos nuestra propia visión.

Quizás lo que esté pasando en algunos aspectos de la cultura en Buenos Aires sea que se dan actos culturales visualizados por la gente como espectáculos y nosotros no queremos solamente hacer eso.

Lo que queremos es que la gente sea protagonista, que se establezca un nuevo diálogo entre artistas y público, y que el pueblo también transmita su propia cultura.

Porque el pueblo es creador de cultura y nosotros tenemos la obligación de hacer que esa cultura popular se exprese y sea conocida también por nuestros artistas, nuestros intérpretes.

De manera que no es el nuestro un proyecto partidista, sino un proyecto nacional.

-Vos estás hablando de "nuestro", hablás en plural. ¿Quiénes más están involucrados en este proyecto?

-En principio, los que hemos proyectado esto somos Miguel Ángel Estrella, José Luis Castiñeira de Dios y yo; pero ya hay varios más, como Solanas o Vallejo que han manifestado su acuerdo en participar.

Nosotros somos los que gestamos la idea, pero vamos a pedir el apoyo, la adhesión de todos los que compartan estos principios.

-¿Cómo ves al peronismo?

-El peronismo para mí continúa siendo la expresión del sentimiento mayoritario del pueblo argentino, a pesar de la derrota que sufrió el 30 de octubre.

Creo que hay más peronistas que antes; nada más que no se sienten expresados en las formas políticas actuales.

El peronismo no supo retomar las banderas revolucionarias de Perón, de sus orígenes históricos. El peronismo sufrió la mayor cantidad de muertos, de desaparecidos, padeció la represión directamente, como es el caso de los trabajadores que fueron los más golpeados, no fueron los trabajadores los que se iban a Miami a comprar televisores en colores, y sin embargo paradoja increíble, ese peronismo apareció de alguna manera como continuador del proceso.

Una cosa inconcebible. Por eso fue sancionado. Por no haber sabido denunciar, diferenciarse y presentar un modelo nacional. Esa es la herencia de Perón: su proyecto nacional.

-Por lo que te tocó vivir en esos años tan duros y confusos, por tus ocho años de exilio, ¿qué conclusiones sacas?

-Son varias. Primero, en lo personal, el haber descubierto la verdadera dimensión del amor a través de mi mujer Liliana, con la cual hemos llegado a pensar en común y a actuar en consecuencia como una sola identidad.

En segundo lugar, he aprendido también que hay una dimensión superior a las diferencias políticas o ideológicas, que es la dimensión humana. La dimensión de la amistad, del amor, del compañerismo, de la solidaridad que se ve sobre todo en los momentos difíciles.

Eso es lo que me hace valorar enormemente la amistad de gente como Mercedes Sosa o como Solari Yrigoyen o como Piccinini, por ejemplo. Con los que aunque no compartimos exactamente las mismas posiciones políticas, me siento más unido que con algunos de los que, aparentemente, se dicen peronistas y de los que me siento muy alejado.

Con esto quiero decirte que es más importante, hoy en día, unirse en base a las relaciones personales, a los afectos y a la ternura que unirse solamente en base a afinidades políticas.

Digo "solamente", porque es cierto que también hay una dimensión de unidad política con miles y miles de compañeros y de hermanos, pero además, y fundamentalmente, esas relaciones políticas deben estar acompañadas de relaciones de afecto.

Que es lo que he descubierto en estos días que estoy acá, el gran afecto de los compañeros, la forma extraordinaria en que me reciben, en que soy aceptado aún por aquéllos que están en distintos grupos.

Y por último, te quiero decir que estas conclusiones no son un fruto amargo del exilio, sino una reflexión hecha por muchos compañeros de aquí y de allá, con quienes concordamos que para llevar adelante nuestros ideales, no existen ahora recetas mágicas ni fórmulas espectaculares.

Que la revolución no se va a hacer de una manera instantánea y que no todo debe destinarse a ello sino que hay que ir paulatinamente organizando las bases, promoviendo las acciones no violentas, transformando las realidades que están al alcance de nuestras manos, respetando la democracia y la voluntad popular aunque no nos guste el presidente o estemos en desacuerdo con el gobernador.

Ese gobernador y ese presidente ya no son más el presidente del partido radical, sino de todos los argentinos.

La valoración, por otra parte, de los contenidos éticos y morales de la lucha política.

Y también me he dado cuenta de la extraordinaria importancia que tiene el respeto por los derechos humanos, de todos sin excepción. No se debe aceptar la violación de ningún derecho humano, ni de una sola persona, en ninguna parte; ni aquí ni en La Quiaca ni en ningún lugar del mundo, porque todo eso es parte de nuestra propia libertad.

Somos libres cuando sabemos respetar los derechos de los demás y luchar por el respeto de esos derechos.

Mona Moncalvillo
Revista Humor N° 126
28 de abril de 1984